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Revisión narrativa
CA-NR-250802

El problema de llamar 'raras' a las variantes raras: una perspectiva basada en datos

Eranga URRagosto de 2025

Afiliación del autor

1. Departamento de anatomía, Facultad de Medicina, Universidad de Ruhuna

2. Departamento de otorrinolaringología, Hospital Nacional de Galle, Sri Lanka

Resumen

Anatomistas y cirujanos continúan describiendo muchos patrones anatómicos bien documentados como "variantes raras", incluso cuando la evidencia agrupada muestra que estas configuraciones ocurren en el 10-60% de los individuos. Esta desconexión entre el lenguaje y los datos moldea cómo los estudiantes internalizan el concepto de normalidad e influye en cómo los clínicos anticipan la variación durante los procedimientos. La anatomía basada en la evidencia moderna desafía la idea heredada de una única plantilla normativa al demostrar que la morfología humana existe a lo largo de distribuciones predecibles y cuantificables, en lugar de categorías binarias de normal versus anómalo.

Metanálisis recientes del nervio laríngeo recurrente, la relación nervio ciático-piriforme y la vasculatura renal ilustran la magnitud de esta discrepancia. La ramificación extralaríngea del nervio laríngeo recurrente ocurre en aproximadamente el 60% de los nervios, los patrones ciáticos no tipo A aparecen en el 8-10% de las extremidades, y las arterias renales accesorias están presentes en el 20-30% de los pacientes. Estas cifras revelan que muchos patrones descritos durante mucho tiempo como inusuales son, de hecho, fenotipos comunes con una prevalencia poblacional estable. Por el contrario, los hallazgos genuinamente raros, como el nervio laríngeo no recurrente, existen cerca de la cola extrema de la curva de probabilidad y merecen el descriptor "raro" en un sentido epidemiológico estricto.

Esta revisión aboga por un vocabulario basado en umbrales de prevalencia cuantitativos en lugar de la tradición o la anécdota. Reemplazar términos utilizados de manera imprecisa con categorías como patrón dominante, variante común, variante poco común y variante rara armonizaría la enseñanza, los informes radiológicos y la planificación quirúrgica con la evidencia contemporánea. Tal cambio replantea la variación como un componente esperado de la anatomía humana, apoyando estrategias operatorias más seguras y promoviendo una comunicación más realista sobre los límites de la "normalidad" anatómica.

Palabras clave: variación anatómica; anatomía basada en la evidencia; variantes raras; nervio laríngeo recurrente; nervio ciático; arterias renales; venas renales; anatomía quirúrgica; anatomía radiológica; metanálisis.

Introducción

Todavía es común leer que un nervio, vaso o vía de drenaje muestra una "variante rara", solo para descubrir que el metanálisis citado reporta una prevalencia en doble dígitos. La ramificación extralaríngea del nervio laríngeo recurrente (NLR) ocurre en aproximadamente el 60% de los nervios en general, más alta en series cadavéricas que intraoperatorias,1 sin embargo, el NLR no ramificado a menudo se presenta como la norma incuestionable. De manera similar, el nervio laríngeo no recurrente (NLNR) se etiqueta como una curiosidad a pesar de que la prevalencia agrupada se acerca al 0,7% en el lado derecho, con tasas aún más altas en cohortes vasculares seleccionadas.2 En la región glútea, las relaciones tipo B-F entre el nervio ciático y el músculo piriforme representan colectivamente alrededor del 8-10% de las extremidades en datos cadavéricos agrupados,5, 6 sin embargo, a menudo se describen como excepcionales.

Al mismo tiempo, la angiografía por TC y RM de alta resolución han normalizado la idea de que una única imagen de libro de texto no puede representar la anatomía vascular renal. Múltiples arterias renales, ramificación temprana y patrones venosos renales complejos alrededor del riñón son ahora hallazgos preoperatorios rutinarios en lugar de sorpresas,7, 8 pero gran parte de nuestro vocabulario para estos patrones aún proviene de una era anterior a la imagenología. Este editorial argumenta que el uso persistente y casual de la palabra "raro" se ha vuelto activamente perjudicial. Si la anatomía ha adoptado el metanálisis y la prevalencia agrupada, entonces nuestro lenguaje debería seguir.

Por qué la palabra "raro" nos falla

"Raro" es una palabra visceral. Para un residente, implica algo que es poco probable que vea alguna vez; para un cirujano, algo que razonablemente puede no anticipar. Sin embargo, muchas de las llamadas variantes raras en realidad habitan en la banda de prevalencia del 5-30% en series agrupadas. En epidemiología oncológica o farmacovigilancia, esos números nunca calificarían como raros.

La anatomía basada en la evidencia ahora proporciona herramientas estadísticas sólidas para sintetizar dicha prevalencia en estudios cadavéricos y de imagenología.4 Los metanálisis de efectos aleatorios del NLR, el nervio ciático y la vasculatura renal incluyen rutinariamente miles de nervios o vasos1, 7 con intervalos de confianza estrechos. Una vez que sabemos, por ejemplo, que las configuraciones tipo B entre el nervio ciático y el piriforme se agrupan alrededor del 8% en datos agrupados,5 continuar describiéndolas como "raras" es una elección, no un reflejo de la evidencia. El problema no es solo semántico: fomenta una visión binaria de la anatomía en la que un dibujo es "normal" y el resto son curiosidades.

Este encuadre binario es atractivo en la enseñanza temprana, pero se convierte en una responsabilidad en la traducción clínica. Si el 20-30% de los pacientes tienen arterias renales adicionales, y alrededor del 5% tienen variantes venosas renales significativas,7, 9 entonces la pregunta real no es "¿Este paciente tiene una variante?" sino "¿Qué configuración en el espectro tiene?" Llamar a un patrón "normal" y a los otros "variantes" distrae de la distribución subyacente.

Consecuencias clínicas de un vocabulario descuidado

El lenguaje moldea la expectativa. Cuando un atlas operatorio describe el NLNR como "muy raro", el mensaje implícito es que la mayoría de los cirujanos nunca se enfrentarán a él. Sin embargo, una prevalencia agrupada del 0,7% en series no seleccionadas, y tasas más altas en individuos con arterias subclavias aberrantes, significa que los cirujanos de tiroides en unidades ocupadas casi con seguridad lo encontrarán a lo largo de su carrera.2 La lesión de un nervio "raro" aún produce una disfonía muy real.

De manera similar, etiquetar la ramificación extralaríngea del NLR como un patrón anómalo legitima sutilmente dibujos y descripciones operatorias que muestran un solo tronco.1 Los datos metaanalíticos dejan claro que un NLR bifurcado o trifurcado es la configuración dominante, no una excepción. La enseñanza que parte del patrón real más común obligaría a los cirujanos a buscar sistemáticamente múltiples ramas, particularmente cerca del ligamento de Berry y el surco traqueoesofágico donde la ramificación es frecuente.3, 12

En anestesia regional y cirugía de cadera, subestimar las variantes del nervio ciático tiene consecuencias paralelas. El trabajo con RM y ecografía muestra que las relaciones variantes entre el nervio ciático y el piriforme no son curiosidades confinadas a los laboratorios de disección, sino anatomía viva encontrada durante las inyecciones en el piriforme y los abordajes posteriores a la cadera.5, 11 Si el informe preoperatorio las describe como "anomalías raras", el clínico puede sentirse desafortunado en lugar de no preparado.

Lo que la era de la imagenología ya nos ha enseñado

La anatomía vascular renal ilustra cuán rápido puede ser derrocado el dogma una vez que se acumulan grandes conjuntos de datos basados en imágenes. La angiografía por TC multidetector y la angiografía por RM ahora mapean rutinariamente cientos o miles de arterias y venas renales en estudios únicos.7, 8 Múltiples arterias renales aparecen en aproximadamente un cuarto de los pacientes, la ramificación temprana en un 6-10% adicional, y patrones venosos complejos en alrededor del 5-10%, dependiendo de las definiciones y umbrales.7, 9

Estas cifras han remodelado silenciosamente la planificación del trasplante y la nefrectomía parcial. Ningún equipo de trasplante considera ahora que una arteria renal accesoria sea una ocurrencia extraña; en cambio, es una variable técnica rutinaria que debe anticiparse. Sin embargo, en el lenguaje cotidiano, los estudiantes aún escuchan que un riñón "tiene una arteria accesoria rara". Los datos dicen lo contrario, y nosotros también deberíamos.

La anatomía basada en la evidencia ha proporcionado una hoja de ruta práctica para realizar estos análisis agrupados, incluidos métodos para manejar definiciones heterogéneas y prevalencia multicategórica, especialmente al combinar disección cadavérica con anatomía radiológica moderna.4 Una vez que existen tales análisis, no actualizar nuestro vocabulario no es un descuido editorial menor; es una barrera para traducir la anatomía cuantitativa en una práctica clínica más segura.

Hacia un vocabulario basado en la prevalencia para las variantes

No podemos abolir la palabra "variante", pero podemos usarla con más honestidad. Un marco pragmático e informado por datos podría verse así:

  • Patrón dominante: la configuración única más frecuente, típicamente con una prevalencia >50% en series agrupadas (por ejemplo, un NLR bifurcado; relación tipo A entre el nervio ciático y el piriforme; una sola arteria renal sin ramificación temprana en algunas poblaciones).1, 5
  • Variante común: patrones en aproximadamente la banda del 5-30%, como la trifurcación extralaríngea del NLR en ciertas series, configuraciones ciáticas tipo B, o múltiples arterias renales en cohortes de angiografía por TC.1, 5
  • Variante poco común: generalmente del 1-5%, incluyendo muchos patrones venosos renales y algunas relaciones específicas entre el NLR y puntos de referencia.2, 9
  • Variante rara: <1% en datos agrupados o ocurrencias genuinamente a nivel de reporte de caso, como NLNR bilateral sin anomalías del arco o duplicaciones venosas extremas.

Estas bandas son deliberadamente aproximadas, pero nos obligan a declarar lo que queremos decir. Una vez que una configuración del NLR cruza al rango del 10-20%, llamarla "rara" se vuelve indefendible. Por el contrario, reservar "variante rara" para patrones verdaderamente subporcentuales preserva el término para situaciones donde realmente transmite información útil sobre el riesgo y la expectativa.

Crucialmente, un vocabulario basado en la prevalencia es portátil. Un atlas aún puede dibujar una única configuración "índice", pero la leyenda debe indicar su prevalencia agrupada y nombrar los dos patrones más frecuentes siguientes con sus porcentajes aproximados, en lugar de ocultarlos en un pie de foto o apéndice. Los informes radiológicos y operatorios podrían seguir la misma lógica, describiendo la configuración observada, su etiqueta habitual y su banda de prevalencia aproximada.

Implicaciones para la enseñanza, la investigación y la comunicación

Para los educadores, el desafío es ir más allá de un único diagrama estático de la anatomía "normal". Si un estudiante de primer año ve el nervio laríngeo recurrente solo como un nervio sin ramificaciones o el nervio ciático solo como un tronco único por debajo del músculo piriforme, ya los hemos desorientado.1, 5 Un enfoque mejor es enseñar el patrón dominante junto con una o dos variantes comunes, etiquetadas explícitamente con rangos aproximados de prevalencia.

Para los investigadores, el siguiente paso es la consistencia. Los metanálisis proporcionan cada vez más estimaciones de prevalencia combinada de alta calidad para estructuras clave: el nervio laríngeo recurrente, el nervio ciático, las arterias y venas renales y muchas otras.1, 8 Si los autores estandarizan los umbrales para describir variantes como comunes, poco comunes o raras, las futuras revisiones sistemáticas serán más fáciles de sintetizar y comparar. Adoptar listas de verificación de anatomía basada en evidencia establecidas para el diseño del estudio y la comunicación de resultados será de ayuda.4

Para los clínicos, especialmente cirujanos e intervencionistas, el mensaje es directo: si una configuración ocurre en el 5-30% de las series combinadas, no es un hallazgo sorprendente, es parte del espectro esperado. La planificación quirúrgica, el consentimiento informado y las listas de verificación intraoperatorias deben reflejar esa realidad. Describir un patrón del 20% como "raro" puede sonar dramático, pero en última instancia es un perjuicio para los pacientes.

Conclusión

La anatomía ha entrado en la era del metanálisis, pero gran parte de nuestro vocabulario sigue anclado en la época de los reportes de casos y los dibujos únicos heroicos. Mientras sigamos llamando casualmente a los patrones del 10-30% "variantes raras", continuaremos calibrando mal las expectativas en el quirófano, la sala de radiología y el seminario. Replanteando nuestro lenguaje en torno a la prevalencia combinada, distinguiendo patrones dominantes, variantes comunes, variantes poco comunes y variantes verdaderamente raras, es un paso simple y alcanzable que alinea la enseñanza y la práctica con los datos que ya tenemos.

Las palabras importan. Si queremos que los clínicos respeten la variabilidad anatómica como una parte predecible y cuantificable de la biología humana en lugar de una ocurrencia tardía, entonces "raro" debe volver a significar lo que dice.

Referencias

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Dr. Rajith Eranga, MBBS MD

Dr. Rajith Eranga, MBBS MD

Especialista en otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello
Profesor de anatomía
Facultad de Medicina, Universidad de Ruhuna, Sri Lanka
Concise AnatomyCentro de investigación

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Cómo citar

Eranga, URR. (2025). El problema de llamar 'raras' a las variantes raras: una perspectiva basada en datos. Concise Anatomy, CA-NR-250802. Recuperado de https://conciseanatomy.com/research/problem-calling-rare-variants-rare

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